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Posted in sendai, on 16 julio 2019, by , 0 Comments

La salsa de soja ya ha conquistado medio mundo, y es que existen tantas posibilidades que es imposible que no la hayas probado. 

Empecemos con tiempos atrás. Esta salsa es originaria de China, hace unos 2500 años, a causa del budismo y la difusión del vegetarianismo. Realmente se creó como alternativa a los condimentos para la carne. ¿Quieres saber como se hizo la primera salsa de soja llamada jiang? Pues a partir de la fermentación de los granos de la soja y de trigo tostados, que formaba una pasta salada de granos de soja y trigo fermentados, junto con agua. 

 

 

Este invento culinario triunfó tanto que hoy por hoy es un ingrediente central en las diferentes cocinas asiáticas: Corea, Birmania, Vietnam, Filipinas y Hawai tienen sus propias versiones. En China suele diferenciarse entre las fermentadas y las mezcladas con otros ingredientes. En Indonesia le llaman kecap y puede ser dulce o salado. Mientras, en Japón hay más de 10, pero aquí van algunas de ellas: 

– Saishikomi: Con doble fermentación que provoca ser espesa y fuerte. Es la más utilizada para el sushi y sashimi. 

– Koikuchi: La más popular y la que se usa prácticamente para todo. De color oscuro y sabor fuerte. 

– Tamari: Ideal para celíacos porque se produce con poco trigo. De sabor intenso y color oscuro. 

– Usukuchi: La más clara, fluida y salada, por lo que se usa con pescados, verduras o sopas. 

– Shiro: Sirve para lo mismo que la usukuchi pero esta, sin embargo, es muy dulce. 

– Gen’en: Más baja en sal que el resto. 

 

  

Hablando de los beneficios de la salsa de soja, podemos concluir varias cosas. Contiene una gran variedad de nutrientes: proteínas y fibra (beneficiosos para nuestro organismo), aminoácidos esenciales y lecitina (ayuda a la regeneración celular entre otras virtudes). 

Esta salsa nos permite llevar una vida más saludable, ¿por qué? Varios estudios han demostrado que los derivados de la soja pueden llegar a disminuir los síntomas de la menopausia, mejorar los síntomas de la artritis, mejorar el rendimiento deportivo, ayuda a bajar el peso (baja en calorías) y reducir los niveles de colesterol y de lipoproteína de baja densidad (el conocido colesterol malo). Y por si todo esto fuese poco, también ayuda a reducir el riesgo de enfermedades del corazón, a la retención de calcio en los huesos. Como contiene un gran número de antioxidantes, también contribuye a reducir el daño en las células.   

Además, en cuanto a la cocina, sirve para muchas preparaciones. En muchas ocasiones se puede sustituir por la sal por su alto contenido en sodio. Aunque si le echas sal a tus platos, no le eches salsa de soja y viceversa. 

 

 

Para empezar, se puede probar con algo básico, como complementar el sushi. O si lo prefieres, atrévete acompañado a los diferentes arroces, o para aliñar las ensaladas, adobar carnes y pescados y así realzar su sabor, en las sopas o bien para marinar. 

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